La Solidaridad

Por Manuel Cadena Cruz

 

El que no vive para servir, no sirve para vivir

Madre Teresa de Calcuta

 

Se podía ver claramente que no era mexicano, su tez blanca, ojos claros, pelo rubio, sus grandes tenis estilo astronauta, short y playera lo delataban junto con sus ademanes y su acento. ¿Qué hará este niño con escasos 11 años tratando de limpiar vidrios de los coches que pasan cerca de la alameda en la Cd. De México y a estas horas de la noche?    Corría junto con nuestros pequeños compatriotas buscando una moneda o algo que comer.  Con señas y como se las ingeniaban este numeroso grupo de “chiquillos” ayudan al pequeño extranjero que probablemente había sido “olvidado” en la calle por sus padres después de algún buen reventón.  Por el aspecto de sus ropas esto debió ocurrir unos meses atrás.  Le enseñaban a limpiar vidrios de coches bajitos y la técnica inigualable de brincar hasta el cofre de los mas altos. Le enseñaban también a practicar ese estilo único de aventar el trapo húmedo y el chorro de jabón a su objetivo desde varios metros de distancia para tratar así de asegurar el “contrato” y recibir al menos una monedita aunque en algunos casos ninguna. ¡De pronto!, ocurre lo inimaginable, uno de los niños levanta el brazo con algo en la mano y les dice, ¡Tengo un bolillo, vengan! Un grupo como de 10 niños rodeo al triunfador poseedor del tesoro quien permitió que arrancaran un pedacito cada quien del preciado logro.  Aquel niño compartido conservo un pedazo un poco mas grande para dividirlo con una pequeña niña que permanecía en el camellón central cuidando a un bebe a quien cubría del frío con unos periódicos y cartones.  Bien lo dijo Aristóteles: “La virtud resplandece en las desgracias”.

 

Más allá, mucho más allá de Bush, de Fox, de Chávez, o de las circunstancias políticas actuales, este visitante olvidado fue solidariamente recibido por sus iguales, por niños que entienden de frío y de hambre, por niños mucho mas iguales al extranjero que los mismos mexicanos que no volteamos nuestros ojos y convertimos nuestras manos en verdaderos instrumentos de solidaridad. No faltara el que ante este interesante cuadro de emociones y del encuentro de virtudes que se descubren dentro de situaciones lamentables como la pobreza alguien pueda pensar que el problema es el exceso de población, ante esto, Gilbert Chesterton diría seguramente que “La respuesta a cualquiera que hable de "exceso de población" es preguntarle si él mismo es parte de ese exceso de población, o si no lo es, ¿cómo sabe que no lo es?”

 

La palabra solidaridad proviene del sustantivo latín soliditas, que expresa la realidad homogénea de algo físicamente entero, unido, compacto, cuyas partes integrantes son de igual naturaleza.¹

 

No debemos confundir la solidaridad con la subsidiaridad.

 

La solidaridad es una relación entre seres humanos, derivada de la justicia, fundamentada en la igualdad, enriquecida por la caridad, en la cual uno de ellos toma por propias las cargas de el otro y se responsabiliza junto con éste de dichas cargas. ¹

 

La subsidiaridad sin embargo, toma por propias las cargas de el otro y se responsabiliza completamente de ellas sin compartirlas con la persona de quien las toma.  Este acto habla de mucho amor y funciona solo en circunstancias en que un ser humano no puede hacerse cargo de si mismo o enfrentar alguna circunstancia.

 

Con un bebe, por ejemplo, se debe ser al principio 100% subsidiario y 0% solidario para que logre sobrevivir pero esta relación deberá comenzar a cambiar desde el primer día hasta llegar a 0% de subsidiaridad y 100% de solidaridad.  Cuando el bebe nace necesita que se le alimente aun cuando no quiera o pueda comer bien, necesita también que se le vista y cobije, que se le asee, también que se le mueva de lugar, etc.  Pero ¿que pasa si seguimos haciéndole absolutamente todo cuando tenga un año?, ¿y que si continuamos con esta conducta cuando tenga 5, 10, 15, 20, 25 años?, pues habremos convertido a un acto motivado por el amor en una verdadera catástrofe al haber limitado y no dejado crecer el carácter y el talento de dicho Bebe ahora convertido en un bebe pero de 25 años.  Todo habría empezado a cambiar si al ir creciendo no se le hubiese negado la oportunidad de practicar la voluntad y la responsabilidad, un buen principio habría sido que se le enseñara y obligara a levantar lo que tiro.  Lo mismo ocurre con la pareja, se vale tener algunos actos subsidiarios para enamorar al prospecto o chiquearlo un poco pero si se vuelve una regla, de igual manera se atrofiará la relación cuando al que se le subsidió siempre no quiera cumplir con sus responsabilidades porque piensa que es obligación del otro hacerlo “como siempre”.  Es mejor ser siempre solidario con la pareja y crecer juntos y a la par fortaleciendo las virtudes de ambos y no solo de uno como ocurre cuando se subsidia.  Termina por atrofiarse el músculo de la voluntad de quien es siempre subsidiado.

 

La solidaridad fortalece a las personas, genera bienestar y reconstruye naciones enteras, la subsidiaridad innecesaria las atrofia.

 

Cierro esta reflexión  con el convencimiento de que las virtudes humanas deben ser buscadas, encontradas y fortalecidas.  Confucio dijo alguna vez que “La virtud no habita en la soledad, debe tener vecinos.”

 

Pues bien, una vez más este es un asunto de “Decisión y Voluntad”.

 

Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias y las crea si no las encuentra.

George Bernard Shaw

 

1 Francisco García-Pimentel Ruiz