Por Manuel Cadena Cruz
El que no vive para servir, no sirve para
vivir
Madre Teresa de Calcuta
Se podía ver claramente que no era mexicano, su tez blanca, ojos
claros, pelo rubio, sus grandes tenis estilo
astronauta, short y playera lo delataban junto con sus ademanes y su acento. ¿Qué hará este niño con escasos 11 años tratando de limpiar
vidrios de los coches que pasan cerca de la alameda en
Más allá, mucho más allá de Bush, de Fox, de
Chávez, o de las circunstancias políticas actuales, este visitante olvidado fue
solidariamente recibido por sus iguales, por niños que entienden de frío y de
hambre, por niños mucho mas iguales al extranjero que los mismos mexicanos que
no volteamos nuestros ojos y convertimos nuestras manos en verdaderos
instrumentos de solidaridad. No faltara el que ante este interesante cuadro de
emociones y del encuentro de virtudes que se descubren dentro de situaciones
lamentables como la pobreza alguien pueda pensar que
el problema es el exceso de población, ante esto, Gilbert Chesterton diría
seguramente que “La respuesta a cualquiera que hable de "exceso de
población" es preguntarle si él mismo es parte de ese exceso de población,
o si no lo es, ¿cómo sabe que no lo es?”
La palabra solidaridad proviene del sustantivo
latín soliditas, que expresa la realidad homogénea de algo físicamente entero,
unido, compacto, cuyas partes integrantes son de igual naturaleza.¹
No debemos
confundir la solidaridad con la subsidiaridad.
La solidaridad es una relación entre seres
humanos, derivada de la justicia, fundamentada en la igualdad, enriquecida por
la caridad, en la cual uno de ellos toma por propias las cargas de el otro y se
responsabiliza junto con éste de dichas cargas. ¹
La subsidiaridad
sin embargo, toma por propias las
cargas de el otro y se responsabiliza completamente de ellas sin compartirlas
con la persona de quien las toma. Este
acto habla de mucho amor y funciona solo en circunstancias en que un ser humano
no puede hacerse cargo de si mismo o enfrentar alguna circunstancia.
Con un bebe, por ejemplo, se debe ser al principio 100% subsidiario y
0% solidario para que logre sobrevivir pero esta relación deberá comenzar a
cambiar desde el primer día hasta llegar a 0% de subsidiaridad y 100% de
solidaridad. Cuando el bebe nace
necesita que se le alimente aun cuando no quiera o pueda comer bien, necesita
también que se le vista y cobije, que se le asee, también que se le mueva de
lugar, etc. Pero ¿que pasa si seguimos
haciéndole absolutamente todo cuando tenga un año?, ¿y que si continuamos con
esta conducta cuando tenga 5, 10, 15, 20, 25 años?, pues habremos convertido a un
acto motivado por el amor en una verdadera catástrofe al haber limitado y no
dejado crecer el carácter y el talento de dicho Bebe ahora convertido en un
bebe pero de 25 años. Todo habría
empezado a cambiar si al ir creciendo no se le hubiese negado la oportunidad de
practicar la voluntad y la responsabilidad, un buen principio habría sido que
se le enseñara y obligara a levantar lo que tiro. Lo mismo ocurre con la pareja, se vale tener
algunos actos subsidiarios para enamorar al prospecto o chiquearlo un poco pero
si se vuelve una regla, de igual manera se atrofiará la relación cuando al que
se le subsidió siempre no quiera cumplir con sus responsabilidades porque
piensa que es obligación del otro hacerlo “como siempre”. Es mejor ser siempre solidario con la pareja
y crecer juntos y a la par fortaleciendo las virtudes de ambos y no solo de uno
como ocurre cuando se subsidia. Termina
por atrofiarse el músculo de la voluntad de quien es siempre subsidiado.
La solidaridad
fortalece a las personas, genera bienestar y reconstruye naciones enteras, la
subsidiaridad innecesaria las atrofia.
Cierro
esta reflexión con el convencimiento de
que las virtudes humanas deben ser buscadas, encontradas y fortalecidas. Confucio dijo alguna vez que “La virtud no habita en la soledad, debe tener vecinos.”
Pues
bien, una vez más este es un asunto de “Decisión y Voluntad”.
Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y
busca a las circunstancias y las crea si no las encuentra.
1 Francisco García-Pimentel Ruiz