Serenidad

 

“Al serenarte se serenan contigo tus temores, tus miedos, tus rencores y se despierta tu fe”

 

La serenidad es un asunto de actitud, y no lo es simplemente porque si, resulta que la serenidad es una cualidad de los líderes que han decidido practicarla y repetirla hasta que se vuelve un hábito.  Cuando escuchamos la palabra serenidad, quizá lo primero que nos venga al pensamiento sea un anciano sentado en una banca de su jardín disfrutando del paisaje y un bello atardecer.  Puede ser que esta imagen lo represente bien pero tratemos con esta otra:

 

Un piloto que esta al frente de un avión comercial que ha perdido combustible y tiene el tren de aterrizaje atascado, aparentemente no hay forma de aterrizar y tampoco es posible volar mucho tiempo, lleva consigo 250 pasajeros dentro de los cuales están su esposa e hijos…

 

¡AHORA SI, HABLEMOS DE SERENIDAD!

 

Aun las cosas que requieren de mucha acción y pronta respuesta deben ser resueltas con serenidad, ésta no es sinónimo de quietud, por el contrario, es la capacidad de actuar con valentía, entrega, coraje, arrojo, velocidad y precisión pero con la mente mas clara y mas orientada a resultados.  No puedo pensar en que haya otra forma de afrontar las amenazas y situaciones de la vida que no sea con serenidad.  La suerte pocas veces ocurre para estos temas.  En todo caso el piloto deberá calmarse y pensar serenamente que hacer, si existe alguna salida a su gran problema, dudo que la encuentre si se altera y lo consume el miedo.

 

El maestro ve a Pepito distraído y con voz muy fuerte lo sorprende diciéndole: “!Pepito, dime rápidamente cuanto es dos mas dos!”, Pepito pega un brinco y exaltado y asustado responde inmediatamente, “5 maestro, 5”, el maestro frunciendo el seño le dice: “no Pepito, tu repuesta es incorrecta, son cuatro” a lo que el pícaro alumno replica “bueno maestro ¿que quiere velocidad o precisión?...”  La vida nos pide las 2, muchas circunstancias requieren de ser atendidas con velocidad y con precisión, no nos podemos dar el lujo de no lograr alguna de ellas.

 

Lo mismo debe ocurrir en casa, la pareja, la familia debe actuar con serenidad en lo mucho y en lo poco, debe de volverse un habito aprender a comunicarse con serenidad aun cuando el tono pudiese ser alto y las palabras fuertes.  La serenidad al comunicarnos con los demás no habla del volumen de la voz ni de la velocidad sino del proceso inmediato y previo para decidir ¿Qué? se debe decir y ¿Cómo? se debe decir.  Las virtudes se desarrollan y deben practicarse.  La practica de un valor o virtud permitirá que en momentos de gran tensión los incorporemos a nuestro comportamiento como herramientas a las que llegado el momento echamos mano y que mejor que una sea la serenidad.  La serenidad despeja la mente, aclara las ideas y permite darnos una dimensión mas aterrizada de las circunstancias, no exagerar ni quedarnos cortos en nuestros juicios, ser más objetivos y nos evita ciertamente muchos problemas. La serenidad nos ayuda a evitar decir cosas que seguramente no queremos decir y que decimos cuando estamos alterados.

 

El hombre que es victima de la circunstancias responde una agresión con otra, responde solo a instintos, no tiene control de si, las circunstancias deciden por él porque solo “reacciona”.  Su relación con el proceso causa-efecto no son ordenados por la razón sino por el instinto.

 

El padre o madre que llaman la atención a sus hijos de manera serena dejaran un mensaje más duradero y claro a sus hijos aun cuando lo hagan con ímpetu, fuerza y decisión.  Cuando lo hacen de manera violenta el mensaje se desvirtúa y en la mente no les queda la enseñanza que el padre planeo sino el recuerdo de ese momento violento y la invitación para guardar resentimientos y crear inseguridades.  La serenidad nos permite reflexionar y entender que no reprochamos de las personas sino de sus actos, “no estoy molesto contigo hijo, estoy en desacuerdo con lo que hiciste… te quiero, vales mucho y por ello no debo permitir que actúes así”

 

Hace algunos días estaba tan abrumado por resolver tantas cosas, tantas amenazas y problemas que me senté a pensar y escuche una voz que me dijo; “serénate hijo al hacerlo se serenan contigo tus temores, tus miedos, tus rencores y se despierta tu fe”.

Manuel Cadena Cruz