La tolerancia

 

“Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”

                                                                                                                                                                                                Don Quijote

¡Hola Papi!, ¿Qué haces?

-       Hola hijita, ¿recuerdas que hace poco platicamos sobre  la fortaleza?, pues ahora escribo otro artículo

¿De que es tu artículo papi?

-       Este es sobre la TOLERANCIA, por eso, para enriquecerlo, estoy leyendo lo que algunas personas¹ han expresado sobre el tema.

¿¡Mmmm!? A ver, ¡platícame!

 

Bueno, hijita; la tolerancia, como cualquier valor, no se adquiere de una manera espontánea, requiere de aprendizaje y voluntad. También te puedo decir que existen dos cosas evidentes al respecto: ¡Hay que ejercer la tolerancia y no todo debe tolerarse!

 

La tolerancia “es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar” y presenta básicamente dos significados bien distintos: por un lado permitir el mal, sin aprobarlo, y por el otro respetar la diversidad.

 

Vamos a arrancar con el primer significado;

 

Permitir el Mal, sin aprobarlo:

En sentido  propio, tolerar significa no impedir algo que se considera ilícito, ni aprobarlo. Tolera un error o un mal quien tiene la facultad moral de impedirlo, pero no la ejerce para evitar un daño mas grave.

 

La tolerancia es un acto de prudencia y se fundamenta en la razón práctica y en la conciencia que por naturaleza es falible (que puede fallar). Es posible que uno se equivoque al tolerar, igualmente al dejar de tolerar.  Lo que está claro es que la tolerancia no es un acto de aprobación y por ello es que hay situaciones en que racionalmente se debe ser tolerante y otras en que no.

 

Entre tolerancia e intolerancia no se da una oposición simétrica, pues la intolerancia supone siempre la falta de tolerancia, pero la mera no tolerancia no es lo mismo que intolerancia.  La verdadera intolerancia es la actitud propia de quien se niega reiteradamente a tolerar algo tolerable. Por ejemplo, Gandhi exigió sus derechos al gobierno británico en la India de forma tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetirá incansable que, “dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenernos de toda violencia”.

 

Hoy en día para pasar por inteligente pareciera que debemos permitir cualquier atropello contra la dignidad humana: Quienes están a favor del aborto pueden propagar su falta de respeto a la vida, pero, hablar contra lo que ellos opinan es paradigma de intolerancia. Lo anterior debido a que se ha difundido que el tolerante se abstiene de emitir juicios de valor sobre comportamientos diversos.  Según esto, para ser tolerante hay que ser relativista para evitar ser visto como fanático.  Pero el fanatismo claramente se opone a la tolerancia, pues no argumenta sus afirmaciones, impone visceralmente sus tesis.

 

Tolerar un comportamiento no es justificarlo. Justificar es aprobar y en la justificación lo que existe es subjetivismo y relativismo.  Se “tolera” todo porque no hay nada que defender.  La supuesta tolerancia no es ya el respeto ante posturas diferentes, sino indiferencia.  Por último, la tolerancia no puede ser vista como el sumo ideal de la civilidad, la meta no puede ser tolerar el mal, sino promover el bien.

 

2° Significado: Respetar la diversidad.

El propósito de la tolerancia es la coexistencia pacifica. Cuando la tolerancia reconoce la individualidad y la diversidad, se eliminan las mascaras que crean desacuerdos y diluye la tensión creada por la ignorancia. Ser tolerantes consiste en una actitud de positiva colaboración, de búsqueda en común de la verdad.

 

Se trata, por tanto, de una actitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo.  Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos.  Pero esta aceptación esta limitada al bien y a la verdad objetiva. Por ejemplo, nadie piensa defender la violencia intrafamiliar en nombre de la tolerancia; porque sabremos que es incorrecto y daña a la misma sociedad.

 

El tolerante comienza por respetar la libertad ajena. A veces, se arrasa sobre los demás, otras veces se anula al otro, tolerar, en cambio, es tomarse en serio la libertad de los otros. En este clima no hay cupo para las descalificaciones o para las agresiones verbales o físicas. Pretender que todos piensen como nosotros es lo mismo que anular la libertad de los demás. Aceptar que se dé discrepancia entre ellos  y nosotros se llama tolerancia.

 

No es más tolerante el que menos verdades sostiene, sino el que con certeza de que esta en la verdad es capaz de respetar las opiniones ajenas.

 

¡Oye Papi, de seguro ya te entendieron las personas grandes, ahora explícamelo a mi!

- ¡Es cierto! – Respondí sonriéndole – Tienes Razón,  seguramente no entenderás todo ahora pero poco a poco estos conceptos podría ayudarte a descubrir alguna de las grandes riquezas del ser humano.  Te acabaré de contar.

 

La verdadera tolerancia nace en la convicción interior de que el trato con personas distintas puede en principio enriquecerme porque me hace mas humano, aun cuando no pueda compartir sus ideas, ni su modo de vida.

 

La semilla de la tolerancia, el amor, se planta con compasión y cuidado.  Cuando hay carencia de amor, hay falta de tolerancia.  Por ejemplo, el caso de una madre cuando el hijo experimenta un obstáculo, ella está preparada y es capaz de tolerar cualquier cosa.  En ese momento no se preocupa por su propio bienestar, sino que, con amor, afronta todas las circunstancias.  El amor hace que todo sea más fácil de tolerar. “En todo caso, el amor a la verdad y el amor a las personas son, premisas de la recta tolerancia”. (Juan Pablo II)

 

La tolerancia es una fortaleza interna que permite afrontar dificultades y disipar malentendidos, también cultiva la habilidad de calmar los sentimientos fuertes y encendidos de las personas.

 

La tolerancia desarrolla la habilidad de adaptarse a los problemas de la vida diaria.  Los cientos de persona que corren a la estación de tren después de un día duro de trabajo, posiblemente esta cansados y fastidiados.  El arte de adaptarse a las circunstancias se pone a prueba cuando se escucha el anuncio: “Se han cancelado todos los trenes debido a dificultades técnicas.  Se pide a los pasajeros que usen otras alternativas”.  Tolerar los inconvenientes de la vida es liberarse de ellos, ser liviano, hacer livianos a los demás, y avanzar hacia delante.

 

Cervantes hace decir a don Quijote que se debe frenar el rigor de la ley, pues “no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo”. Y da este sabio consejo a Sancho, Gobernador de la ínsula de Barataria: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”.

 

En fin hijita, te diré por último algo muy bonito que quizá explique todo por si mismo:

 

“Una persona tolerante es como un árbol cargado de frutas. Incluso cuando se le arremete con palos y piedras, ofrece sus frutos en retorno”.

 

(Algunos conceptos y extractos de ¹ Alfonso Aguiló, Oscar Fernández, Andrea Lago, Alfonso López, Carolina Astarloa, Federico Mayorga)

 

 

Manuel Cadena Cruz