Laboriosidad

 

La virtud de la Laboriosidad supone hacer las cosas con cuidado y por amor.

 

¡Hola papá!

¡Hola Hijita¡

¡Papá! ¡Hoy quiero que me platiques ¿Qué es laboriosidad?!

Bueno hijita, la laboriosidad es una palabra que comúnmente se ha utilizado para llamarle a los trabajos o tareas que requieren de mucha atención, que toman mucho tiempo y que en ocasiones representan esfuerzos muy repetitivos pero si analizamos la laboriosidad como una virtud debemos entender que efectivamente se refiere a realizar una tarea que puede ser muy difícil o cansada y puede también requerir de mucho tiempo y esfuerzo pero principalmente habla de aquellas tareas que tienen como principal motivación el AMOR y que como tal debemos hacerlas con mucha dedicación y cuidado.

 

No debemos nunca de olvidar que el valor que tienen los actos que realizamos se basa principalmente en la motivación o finalidad que tuvimos para realizarlos, de igual manera las cosas valen mas o menos según el uso que les demos y lo que signifiquen para cada uno.

 

¡Haber papá dame un ejemplo!

 

Un buen ejemplo puede ser el que ocurrió cuando cumplías 10 meses apenas hace algunos días mientras dormías: Tu mami, como bien sabes, tiene en su pancita a tu futuro hermanito o hermanita y por ello no puede tomar medicinas, ella se sintió muy enferma, le dolía mucho la cabeza, tenia temperatura muy alta, dolor muscular y varios días durmiendo muy mal.  Cuando llegamos a la casa por la noche ni siquiera se pudo quitar los zapatos del agotamiento que tenía y se quedo dormida.  Pasó una moto muy cerca de la casa con un gran ruido en el motor y ella ni siquiera la escuchó, sonó el teléfono en repetidas ocasiones y no se dio cuenta, finalmente le quite los zapatos, la cobije y me dormí también.  Pasaron quizá unos 40 minutos y tu mama y yo estábamos profundamente dormidos, recuerdo que muy a los lejos y entre sueños creí escuchar tu vocecita pero seguí dormido, de pronto desperté y vi que tu mami se había levantado.  Me pare de la cama y el entrar a tu recamara me tope con un cuadro inolvidable lleno de ternura.  Tu mami, que solo un rato antes había caído derrotada por el cansancio y el malestar, se levanto rápidamente al escucharte, percibió que tenias hambre y con gran detalle te preparo un biberón, lo calentó, te sacó de tu cunita y llena de un amor que se podía claramente ver en su rostro te abrazó y te arrulló hasta que te acabaras tu leche y te quedaras dormida, ni un momento quito de su rostro esa sonrisa de ternura y alegría que solo una madre sabe hacer cuando observa a un hijo. Te cambió tu pañal, te arreglo tu cunita nuevamente, te cobijo, rezó a tu oído y al llegar a su cama… quedó profundamente dormida, y yo, profundamente conmovido tratando de entender como nuestros actos valen, precisamente, en relación directa al amor con que los hagamos.  Se que en lugar de estar filosofando debí de haber ayudado a tu mamá pero lo que estaba viendo en esa habitación era uno de esos milagros que ocurren todos los días en todo el mundo en donde pequeños ejemplos como éste nos muestran a las grandes personas como ella y permiten a pequeñas personas como yo llorar un poco de alegría dándole gracias a la vida y a quien nos la dio por tener en nuestras manos la posibilidad de realizar estos milagros y de buscar la fuerza y la sabiduría para educar a grandes personas ¡como tu hijita!

 

No me queda duda de que la formación de los hijos puede en mucho, ser una tarea muy laboriosa.

 

Antes de que te duermas quiero platicarte un historia de un viejo violín que se encontraba en una subasta, «estaba golpeado y rayado, y el subastador pensaba que no valía la pena gastar mucho tiempo en él, pero lo mostró con una sonrisa.

“¿Cuánto ofrecen, amigos míos?”, gritó.

“¿Quién me ofrece unos pesos por él, quien comienza?”

“Diez pesos, diez pesos” y luego, “¡veinte! ¿Solo veinte?”

“Veinte pesos, ¿Quién ofrece treinta?”

“Treinta pesos a la una, treinta a las dos; se va por treinta…” Pero no.

Desde el fondo del salón un hombre de pelo cano se acerco al frente, tomo el violín y luego, tras sacudirle el polvo y estirar las cuerdas flojas, tocó una melodía tan dulce y tan pura como el canto de un ángel.

La música cesó, y el subastador, con voz baja dijo;

“¿Cuánto ofrecen por el viejo violín?”

Y lo levanto junto al arco

“Diez mil pesos, ¿y quien da veinte mil?”

“¡Veinte mil! ¿Quién da treinta mil?”

“treinta mil pesos a la una, treinta mil a las dos…”

“Vendido al caballero por treinta mil pesos”

La gente aplaudió, pero algunos mientras aplaudían se preguntaron:

“No terminamos de entender ¿Qué cambió su valor?” La respuesta fue inmediata:

El toque de la mano del maestro.”»¹

 

Todos los días pasan por nuestras manos grandes posibilidades, por ejemplo la posibilidad de ser amables con quien nos rodea, la posibilidad de hacer todas las cosas con excelencia y amor, la posibilidad de motivar al que camina cabizbajo, la posibilidad de comprender al incomprendido, la posibilidad de jugar con un niño conocido o desconocido, pero sobre todas las cosas no desperdiciemos: “La posibilidad de tocar el alma de otro ser humano ayudándolo a crecer”.

¡Que descanses hijita!, ¡buenas noches!

 

Manuel Cadena Cruz

 

¹ Extracto de “Chicken Soup for the soul”, Jack Canfield, 1997.P.251