Amistad
Por Manuel Cadena Cruz
La amistad duplica las alegrías y divide las angustias
por la mitad.
Sir Francis Bacon
Propongo hacer esta reflexión apoyado en pequeñas
historias que definen de manera más eficiente lo que de amistad se quiera decir
y definir.
En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su
sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día un conocido se encontró con el gran
filósofo y le dijo: ¿Sabes lo que escuché acerca de
tu amigo? Espera un minuto -replicó
Sócrates-. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple
filtro. -¿Triple filtro?.
Correcto -continuó Sócrates-, antes de que me hables sobre mi amigo, puede
ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir, es por eso que lo
llamo el examen del triple filtro.
El primer filtro es la verdad. ¿Estás
absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso
y...
Está bien -dijo Sócrates-. Entonces realmente no sabes
si es cierto o no.
Ahora
permíteme aplicar el segundo filtro, el
filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi
amigo? -No, por el contrario...
Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no
estás seguro de que sea cierto.
Pero
podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad.
¿Me
servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo? -No, la verdad es que no.
Bien
-concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso
no es útil ¿para qué querría saberlo?¹
Nunca conserva
firmes amistades quien sólo va atento a sus pretensiones.
No solo por su utilidad práctica resulta conveniente el método de
Sócrates de filtrar la información sino que además representa un verdadero acto
de solidaridad y amistad el frenar los rumores y comentarios negativos que de
un amigo se puedan decir. Esta reflexión
va mas encaminada a reconocer nuestra capacidad para ser nosotros mismos buenos
amigos que para medir si nuestros amigos lo son verdaderamente. Insistiré cuantas veces pueda hacerlo en que
nuestro papel en la vida debe ser protagónico, no de victima en el que solo
agachamos la mirada y nos preguntamos por que no tenemos amigos de verdad.
El amigo
leal se ríe con tus chistes, aunque no sean tan buenos, y se conduele de tus
problemas aunque no sean tan graves.
Arnold H. Glasow
Había una vez un hombre llamado Fleming, agricultor pobre de Inglaterra.
Un día mientras trataba de ganarse la vida para
su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano.
Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano.
Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando
luchando tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvo al niño de lo que pudo ser una muerte
lenta terrible. Al día siguiente, un
carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor inglés. Un
noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a si
mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.
"Yo quiero recompensarle," dijo el
noble inglés. "Usted salvó la vida de mi hijo." "No, yo no
puedo aceptar una recompensa por lo que hice," respondió el agricultor
inglés, rechazando la oferta.
En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la
familia.
"Es ese su hijo?" le preguntó el noble
inglés. "Si," -respondió
el agricultor lleno de orgullo.
"Le voy a proponer un trato: Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una
buena educación. Si él es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un
hombre del cual usted estará muy orgulloso."
El agricultor aceptó. Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el
agricultor se graduó en la Escuela de medicina de St. Mary's Hospital en
Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio
Sir Alexander Fleming, el descubridor
de la Penicilina.
Algunos
años después, el hijo del noble inglés, cayó enfermo de pulmonía. ¿Que lo salvó?: La Penicilina. El nombre del noble inglés: Randolph
Churchill. El nombre de su hijo: Sir
Winston Churchill. Alguien dijo una
vez: "Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos." ²
Reprende al
amigo en secreto y alábalo en público.
Leonardo Da Vinci
Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el
desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. El otro, ofendido,
sin nada que decir, escribió en la arena:
HOY, MI
MEJOR AMIGO ME PEGO UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde
resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a
ahogarse, siendo salvado por el amigo.
Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una
piedra:
HOY, MI
MEJOR AMIGO ME SALVO
Intrigado, el amigo preguntó: ¿Por qué después que te
lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra? Sonriendo, el otro amigo respondió:
Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en
la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y
apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en
la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá
borrarlo.¹
Si es cierto
que en cada amigo hay un enemigo potencial. ¿Por qué no puede ser que cada
enemigo oculte un amigo que espera su hora?
Giovanni Papini
Creo
firmemente que es mejor preguntarnos honestamente que tan buenos amigos somos
nosotros mismos, que buscar entender si a quienes consideramos nuestros amigos
son realmente leales y por tanto dignos de ser llamados así. Dijo Demetrio
de Falera que “Amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y
en la adversidad sin serlo”
Si quieres hallar
en cualquier lado amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo.
Mi
tío Edmundo que tiene alrededor de 25 años de casado suele llegar a algún lugar
donde estén sus amistades y presentar a mi tía Cony que ya todos conocen como
“una amiga” a lo que la gente reacciona generalmente con una sonrisa y hasta
con una carcajada. Esto por supuesto es
un juego pero, tiene mucho fondo. ¡Imaginemos
lo que significaría llevar 25 años de casado con alguien a quien no
consideramos nuestro o nuestra amiga!, ¡Sería terrible!.
Hace años que ocasionalmente hago lo mismo y me rió por dentro de mi simpleza
de seguir el juego de Edmundo pero lleno de alegría de descubrir que mi esposa,
Bety, en verdad es mí mejor amiga. Así
que no me equivoco si al llegar a algún lugar la presento así, aunque de
antemano se, que de por lo menos un pellizco, no me escapo.
A fin de cuentas,
Los amigos son:
una familia cuyos individuos se eligen a voluntad.