Reflexiones
sobre El hombre y el Poder
Por
Manuel Cadena Cruz
Realmente nunca me he sentido
muy importante, si bien reconozco con humildad que algunas cosas se hacerlas
bien y las hago con todo mi empeño, realmente no me he sentido nunca tan
importante como ahora cuando observo la forma en que mis hijos me ven. Es extraordinaria la forma en que encuentran en mi lo que quizá nunca
descubrí de mi mismo, que creen y confían en mi aun mas de lo que yo mismo
confío en mi. Cuando llego a casa y los
veo, mi mundo se vuelve ¡perfecto!, y lo dije bien, ¡perfecto! No se si sea por que me redescubro y
cuestiono mi fortaleza espiritual, o si sea porque me siento grande y mi
publico, que son mis hijos, me quiere y respeta con todo ese montón de
deficiencias humanas que tengo. En
verdad no lo se pero, ¡vaya que ahora me siento importante!
Hace algunos años, creo que
unos cuatro, le pedí a Dios con toda fuerza y convencimiento, que no me diera
mas poder ni mas bienes materiales de los que yo pudiera manejar sin corromperme,
sin perder el rumbo, sin olvidar quien soy, y que además lo soy sin ese poder o
esos bienes. Debo confesar que he
sufrido mi petición y que más de alguna vez, ante tantos sobresaltos y
obstáculos, he buscado hacer una tregua y rectificarla.
En un artículo sobre la PAZ interior
escribí que ésta “No se logra cuando podemos quitarnos de encima todos los
problemas o circunstancias que nos aquejan sino cuando los entendemos, los
enfrentamos sin negarlos, cuando actuamos con rectitud de intención, entrega y
fe.” Pues bien, hoy tuve que leerlo
varias veces porque necesito creerlo, necesito estar seguro de ello (vaya que
lo estoy), porque necesito no olvidarlo.
Hoy, precisamente hoy, quiero encontrar paz entre la tempestad, deseo
encontrar fe y como se que ésta no la encuentro afuera me queda un solo lugar
por buscarla y si descubro que ya no tengo miedo, sabré que la he encontrado.
¿Qué debo hacer si la vida me
lleva a circunstancias o lugares donde
tenga poder? Ya lo he tenido y no se si
lo he utilizado bien. Quizá alguna vez he
lastimado a alguien con él, quizá alguna vez no ayudé a un semejante con él,
quizá sin darme cuenta falte a la caridad, escondido yo detrás del poder.
Hoy quiero, no rectificar mi
petición a Dios pero si complementarla, y le pido que me de sabiduría para
manejar tanto el éxito como el fracaso, el poder y la falta de él, la riqueza y la pobreza y que me de la
sabiduría también, para saber buscar y saber encontrar.
El poder del hombre no puede
ni debe sobrevivir si se encuentra en contradicción con el respeto a la
dignidad humana. El poder no debe hacer mas
grande al ego y mas pequeño al espíritu, por el contrario, debe hacer grande al
hombre en lo mas profundo de su ser, grande al temple, grande a lo
verdaderamente importante y convertir nuestra voluntad en un arma incorrompible
del respeto a los demás.
El poder si no se usa para
servir a los demás, ¡no sirve de nada!
Todo este asunto del poder y
el hombre me recuerda aquel artículo de Gilbert Chesterton y que Carlos Llano
Cifuentes relata de manera inmejorable:
“Ante la abundancia de los
piojos en la niñez – dice Chesterton – de los barrios bajos londinenses, la
sanidad oficial, es decir, el sistema, decretó la necesidad de que la cabeza de
los niños fuera ¡totalmente rapada!
Chesterton sale en defensa de
una pobre chiquilla que luce unas ¡hermosas trenzas rojas como su única
posesión en el mundo! Los doctores
propusieron abolir el pelo en lugar de abolir los piojos. Ahora bien, sigue diciendo Chesterton, el
objeto y propósito de estas páginas es proclamar que debemos comenzar
completamente de nuevo y comenzar por el otro extremo, es decir, comenzar por
el hombre-.
Yo comienzo con el pelo de una
niña, todo lo demás puede ser malo pero se que ¡esto!, por lo menos ¡esto!, es
bueno, lo que se oponga a ello debe derrumbarse.
¡Con
el pelo rojo de una chiquilla del arroyo incendiaré la civilización moderna
puesto que la niña debe tener el pelo largo, debe tenerlo limpio, si debe
tenerlo limpio debe tener casa limpia, debe tener madre limpia y
desahogada. Haré una revolución, nadie
mutilará ni tocara a esa rapazuela, no le cortaran el pelo como a un
presidiario. Las columnas de la sociedad
se estremecerán y a la niña no se le tocará ni un pelo de su cabeza! ¡Esto es comenzar por el hombre, no por el sistema!
Gilbert Chesterton propone
empezar por el hombre, siempre por el hombre.
El poder NO siempre es el que
dan los grandes cargos del gobierno, los medios de comunicación o el dinero,
también es el que tiene el joven que es mas alto y fuerte que sus compañeros o
la jovencita que es mas bonita y mejor formada que sus pequeñas colegas de la
escuela o bien el que logra aquel que es mas inteligente, inclusive poder es el
que tiene aquel que apunta a otro ser humano con un arma. Sin importar en donde estemos, tenemos la
obligación moral de hacer el bien todo el tiempo y aun más cuando los medios
nos han sido dados para potenciar y multiplicar las oportunidades para lograrlo.
¿Cómo quiero que me vean mis
hijos cuando crezcan, cómo el hombre que hoy admiran o como solo un padre que
no supo ser ejemplo? ¿En que tipo de personas
quiero que se conviertan, en grandes seres humanos o solo en oportunistas? Hasta ahora no he encontrado un mejor método
para educar a mis hijos que no sea con el
ejemplo. Me queda mucho por hacer y aun entendiendo
la tremenda responsabilidad que tenemos sus papás, debo reconocer que ha sido
muy, muy divertido.
No puedo dejar de sonreír
mientras escribo estas líneas y recuerdo las puntadas de Regina mi hija y los
gestos de su hermanito Alonso de dos meses.
Pues si, mis hijos, mi esposa y toda mi familia unida me bastan ¡eso le da
poder a mi alma y a mi espíritu! y con eso me quedo. Lo demás… ya vendrá más adelante.
“Cualquier
poder, si no se basa en la unión, es débil”
Jean de la Fontaine