Conocimiento y Autoconocimiento

“¿De que sirve saber mucho, si ese mucho no nos hace mejores y mas felices?”

 

-¡Bendita ignorancia!-, dijo la madre a sus hijos cuando éstos le celebraban su aniversario 65 y lo dijo solo después de que el hijo que estudio bioquímica aprovecho sus amplios conocimientos para informar a los presentes lo siguiente: “fíjense lo que tiene ése sushi que se están comiendo.  El arroz hace en su cuerpo lo que el pan, engorda, la soya atrapa los líquidos y los retienen en el cuerpo causando un aumento de peso, los mariscos son alimentos con un alto índice de toxicidad cuando su manejo no es óptimo, sin dejar de mencionar que tienen un alto contenido en colesterol, también ese refresco que se están tomando contiene edulcorantes y azucares refinadas que son considerados como reconocidos causantes de desordenes a nivel celular y en casos extremos, de cáncer.  Y eso no es todo, ese vino tinto que estas por tomar mamá, aumentara el acido úrico en tu cuerpo.  Además mamá también debes saber que… -¡Bendita Ignorancia!- lo interrumpió amablemente la festejada y con una sabia y serena mirada sonrió a todos, levantó su copa de vino y brindó por la buena compañía, los ricos alimentos y por los años que aun faltan por ser recorridos.

 

El conocimiento de algo y ese algo puede ser cualquier cosa o tema que valga la pena, presenta una bipolaridad, para aquel cuyo fin del conocimiento es demostrar superioridad aplastando al prójimo, exaltar el propio ego o complicarse la vida, el conocimiento es una debilidad, en sentido opuesto, quien lo aprovecha para ayudar a crecer al prójimo y comprenderlo, para conocerse a si mismo y ser mas humilde y para disfrutar mas de la vida, definitivamente es una oportunidad y una fortaleza.

 

Por ello, el conocimiento no debe ser un fin por si mismo sino mas bien un medio para buscar la verdad y la sabiduría.  El asunto no debe ser el reunir el mayor numero de datos en el menor tiempo  posible sino el aprender y disfrutar de la vida lo mas posible, comprometiéndose con ella con la mayor intensidad y guiada por la rectitud de intención.  La vida debe ser “vivida” y no solo “pasada”, debemos ser protagonistas, y no solo espectadores de ella.

 

Conocernos a nosotros mismos es ya de por si una tarea difícil pero, conocer a nuestra pareja a fondo resulta todo un reto.  ¿Han conocido a alguna persona que sepa reírse de si misma y que cuando le hacen una broma la disfruta, y lo hace aun cuando se esta poniendo en evidencia alguno de sus defectos? Pues bien, no estamos hablando de ningún mártir, ningún masoquista, ni de ninguna persona con complejo de victima.  Por el contrario, estamos hablando de alguien que no pierde el tiempo en cosas que no valen la pena, de alguien que se conoce bien y se acepta, de alguien que decidió “vivir la vida” con sabiduría y, seguramente de alguien, con mucha paz interior.

 

Dijo el norteño con voz brava y gran orgullo: “¡Aquí en mi pueblo somos ¡puros machos!!”, y el de Mérida contestó: “Mare, aquí en mi pueblo somos mitad y mitad y nos la pasamos mejor”

 

Cuando el asunto sea “cosa de dos”, donde hay otro ser humano y por tanto otra opinión, mejor seamos ese elemento enriquecedor y sembrador de paz.  Disfrutemos de las diferencias que se dan en la pareja, finalmente son esos puntos de vista diferentes los que nos complementan y nos ponen a pensar, son esos estilos distintos de hacer las cosas los que nos invitan a buscar una tercera ruta que deberá ser mejor que las dos originales. Son esos desacuerdos los que forman acuerdos duraderos.  Son esos sinsabores temporales los que al ser tratados con amor le dan un mejor sabor a nuestras vidas y son precisamente esas discrepancias las que, cuando  aprendemos a escuchar nos acercan más y nos hacen ser una pareja mas fuerte. 

 

“Conozco mucho y poco me conozco, no conozco.  Me conozco mucho y poco conozco, ¡vaya que conozco!”

 

Antes de decidir casarnos, deberíamos darnos suficiente tiempo para conocernos y conocer a nuestra pareja, platicar mucho, convivir en diferentes ambientes y con diferentes personas, ver como somos cuando peleamos, cuando estamos tristes y cuando estamos bajo presión, también conocer como somos cuando nos divertimos, escuchemos como se dirige nuestra pareja a sus padres y hermanos, como reacciona ante la adversidad y al final conocer nuestra capacidad y disponibilidad para crecer.

 

  Para adquirir conocimientos, ¡abramos bien los ojos!, pero para conocernos a nosotros mismos y a nuestra pareja, ¡cerremos bien la boca!, hablemos menos, escuchemos y pensemos mas y pongamos mucha atención a esa voz interior que cuando se lo permitimos, sin lugar a duda nos da siempre la respuesta indicada, respuesta que no siempre es la mas sencilla pero si la que mas paz nos deja. No la mas cómoda pero si la mas gratificante.  “Nos aceptamos y nos queremos como somos pero, no significa que aceptemos no hacer nada para que seamos mejores personas”                       Manuel Cadena Cruz